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lunes, 28 de noviembre de 2016

Nací con luz...




Nací con luz, con una esencia única que me identifica. Reconocerme y permitirme ser es el camino hacia la autorealización y la plenitud de mi existencia.

Crezco y tomo conciencia de mi fragilidad, la que me lleva a temer que me quiebre. En otros momentos la vida me sorprende viendo como la fortaleza que habita en mi interior me devuelve el traje de la seguridad y las gafas que me permitieron ver con claridad. 
Vivo y fluyo entre mares en calma y oleajes embravecidos que me devuelven a una orilla para que comience un nuevo viaje. Mis emociones mutan, me estiran y empujan para luego mecerme y acariciarme. 
Aquellos que rozaron mi alma y bailaron con ella me acompañan permanentemente, me prestan sus bastones y me invitan a sentir la tierra bajo mis pies. 
Mi mirada refleja donde estuve y donde estoy. Algunos de mis monstruos mueren y otros cambian de disfraz mientras mis púas se transforman y gano tiempo para reponer provisiones y prepararme para el próximo envite.
Mis arrugas son banderas de mis conquistas vitales y espejos donde se mira el tiempo. 
Me asusta y reconforta a la vez tomar conciencia de que me defino en la soledad de mi existencia y que llegué y partiré conmigo misma con el equipaje que suponga lo vivido y amado.


                                                                                                                       12 de mayo de 2016

domingo, 25 de septiembre de 2016

“CUANDO EL CAMBIO LLEGA Y NO PUEDO ESCAPAR DE ÉL”

Detente y echa un vistazo hacia atrás, a tu vida y concretamente a cómo has tendido a posicionarte ante las dificultades y los cambios. Es una forma sencilla de saber de ti.

La educación que hemos recibido, los contextos en los que nos hemos desarrollado, las experiencias vitales o el carácter pueden condicionar de algún modo la forma en que percibimos e interpretamos el mundo y cómo nos colocamos ante la adversidad, los desequilibrios o los desajustes propios de la existencia, esos momentos en los que te sientes desordenado o con tu mundo del revés.

El cambio y la transformación personal forman parte del crecimiento interior y estamos diseñados para abordarlos con eficacia. En ocasiones nosotros mismos nos boicoteamos y dificultamos el paso a otras etapas de nuestra vida y nos instalamos en dinámicas de sufrimiento.
A veces llega el cambio y no podemos escapar de él, no podemos escapar de la incomodidad.

Lo cierto es que tendemos a buscar la estabilidad y cuando algo la amenaza se activan las señales de alarma. Algunas personas se resisten a aceptar la ruptura del equilibrio y hacen caso omiso a los indicadores llegando a tener una vida insatisfactoria primando conservar lo que les es conocido a pesar de que no se sienten plenos. Otras personas actúan, se reajustan y se reinventan con relativa facilidad esforzándose por conseguir reconquistar su bienestar.

FOTO:http://leticiabrando.com/afrontando-los-cambios-2/



¿Qué influye en el modo en que afrontamos los posibles grandes cambios vitales?

1-Las creencias asociadas a la situación o, dicho de otro modo, los pensamientos de base relacionados con lo que te está sucediendo pueden invitarte a continuar o a detenerte y bloquearte. El grado de tolerancia hacia lo nuevo que sucede, lo que piensas sobre ti mismo y los otros, lo que “está bien” y lo que “está mal” según tus parámetros y los de tu entorno inmediato condicionan el modo en que conceptualizas lo que te está ocurriendo.

2-La percepción de control que tengas sobre la situación es importante porque en función de ella decides y actúas. Si consideras que algo depende de ti en gran parte harás por intervenir, mientras que si partes de que no puedes cambiar la situación tenderás a inmovilizarme y esperar.  La percepción es subjetiva y puede estar desajustada con la realidad por lo que analizarla puede dar la clave para ahorrar energías y emplearlas de forma eficaz.

3-El pensamiento rígido o flexible obstaculiza o facilita la generación de alternativas o “buenas soluciones”. Si tiendes a pensar que hay una única “forma de hacer” cuando ésta no sea viable o te genere malestar te resistirás a cambiarla, mientras que si tiendes a flexibilizar y tolerar otras opciones como posibles o válidas caminarás en otra dirección desde la serenidad y la aceptación.

4-El resultado del balance personal general que haces sobre lo que está ocurriendo depende de la percepción de pérdida y ganancia. En los momentos críticos eres consciente de que algo dejó de estar de un modo determinado si bien desconoces como restaurarás el equilibrio. Es importante dejar ir, soltar o liberar lo que fue para que puedas avanzar y construir algo nuevo, algo que encaje con lo que sientes profundamente en el aquí y ahora y que sea honesto contigo.

5-Las emociones asociadas a los procesos de cambio en las etapas iniciales suelen generar malestar, para poco a poco dejar paso a la convivencia de las emociones positivas y negativas de forma intercalada. De “todos los días “malos” pasas a tener algunos ratos de calma o cierto disfrute, justo cuando comienzas a visualizar ciertas ganancias de la transformación. Todo este proceso de incertidumbre está vinculado a las habilidades que tengas en la gestión emocional siendo el cambio un promotor del aprendizaje sobre ti mismo, tus estrategias de afrontamiento y la propia vida.

6-Los miedos a perder, a no ganar, a dañar, al rechazo, a no alcanzar tus objetivos, a perderte o a sufrir se pueden disparar y hacerse grandes. En ocasiones se hacen tan grandes que pueden llevarte a no ser justo contigo mismo y no asumir el riesgo intrínseco que conlleva ser auténtico y VIVIR.

7-El apoyo y el grado de aceptación que percibes puede influir en menor o mayor medida en la forma en que te posicionas ante lo que te ocurre. De ahí la importancia de rodearte de personas impulsoras que acolchen y amortigüen el impacto de la propia sensación de vértigo inicial y posterior desequilibrio.

8-Ante la adversidad o el desajuste puedes instalarte en el peligroso papel de víctima o en el de verdugo/juzgador. El primero se caracteriza por colocarte en una posición de padecimiento, vulnerabilidad, incapacidad  y negatividad. La responsabilidad se deposita en lo externo. Puedes sentir pena o lástima por ti mismo, no creer en tus capacidades o posibilidades o pensar que la vida te está castigando de algún modo o la mala suerte se ha cebado contigo. En el segundo, en el papel del verdugo, predomina una actitud excesivamente crítica contigo mismo o con los demás en la que te muestras intransigente y juzgador del bien y el mal impartiendo “justicia”, viendo el blanco o el negro únicamente y no considerando la gama de grises.

9-Conocer el proceso de cambio interior y transformación, sus fases o incluso haber salido airoso de procesos previos vividos proporciona cierta serenidad y facilita que las emociones fluctúen en intensidades moderadas evitando entrar en pánico.

10-Escucharte, conocerte y atender las señales propias y externas te invitan a conectar con tu fuerza interior y creer en la posibilidad de que fluir te acerca a  tu esencia personal.



Socialmente nos preparan para lo estable, lo normativo y el disfrute de la emoción positiva, pero lo cierto es que la inestabilidad, la diferencia y diversidad o el malestar es vivenciado por todas las personas. Generalmente aprendemos a gestionarnos en el devenir de la vida y descubrimos que ambas formas se entremezclan y conviven con nosotros. Periodos de calma y periodos de tempestad, ambos necesarios para valorar uno y otro, para crecer, para ser y estar de un modo de genuino. 

FOTO: http://www.cambiandoelrumbo.com/index.php/herramientas-para-el-cambio/

viernes, 16 de octubre de 2015

La conquista de la ACEPTACIÓN, sus tareas y resistencias


Si mentalmente te detienes por unos minutos e intentas analizar muy a groso modo cómo ha sido tu vida hasta este mismo instante encontrarás altos y bajos en el camino, etapas que recuerdas especialmente dulces y otras marcadas por acontecimientos o circunstancias que te han desestabilizado. Probablemente detectas situaciones o hechos vitales muy importantes que han condicionado tu crecimiento y desarrollo vital, algunos los valorarás de forma positiva y otros claramente de forma más negativa. En cualquier caso haber vivido cada uno de ellos te ha permitido llegar a ser tal y como eres en este preciso momento.


La aceptación de tu realidad, de quien eres, de lo vivido e incluso de lo no vivido pero a su vez especialmente deseado, es una conquista que te permite seguir avanzando y liberarte de miedos y emociones negativas que muchas veces dificultan e impiden que vivas de forma plena tu vida.

En ocasiones, de forma involuntaria y automática, puedes llegar a poner en marcha mecanismos de resistencia para afrontar una realidad que no te gusta y que no deseas conocer en un intento de “sobrevivir” a una circunstancia que amenazaría tu sistema de creencias, la imagen que tienes de ti mismo o de los demás o tu propio equilibrio personal. Algunas de las estrategias  que empleamos para protegernos frente a lo desagradable son:


-Minimizar los efectos que se están produciendo: “no es para tanto”, “ha ocurrido muy pocas veces”,…

-Normalizar la situación y los efectos adversos: “le pasa a mucha gente”, “esto es bastante normal en esta sociedad”,…

-Justificar la conducta: “no tiene importancia porque en el fondo lo hace porque me quiere”, “estaba muy nerviosa, no pasa nada”, “con la situación personal tan complicada que hay es lógico”,…

-Disociar/separar/dividir la realidad y atender únicamente a la parte que encaja con tus expectativas o lo que a ti te gustaría (auto-engaño): “él me quiere porque me lo ha dicho y pasamos una tarde estupenda”- “pero, vi que te empujó y te insultó cuando ibais hacia el coche”- “ah! No, sólo fue un malentendido! Estamos muy bien, estuvo muy cariñoso esa tarde”.

-Negar la realidad o parte de ella, postergando el impacto que tendría asumir lo real. 
Puede haber un rechazo total a admitir lo que está ocurriendo  llegando a negarte a escuchar algo que no quieres:  “mi familia SIEMPRE está cuando la necesito”, “mis hijos son PERFECTOS”, “mi vida es PERFECTA”, “voy a conseguir TODO lo que me proponga”, “mis padres SIEMPRE saben qué es lo mejor para mi”, …

-Esfuerzos constantes y persistentes por intentar cambiar tu realidad o la de otra persona asumiendo que tienes control sobre ella y puedes conseguirlo. Esta estrategia de resistencia supone un gran desgaste personal, genera sentimientos de frustración cuando no consigues lo que quieres e impide que tu esfuerzo se dirija hacia aquello que sí depende de ti.

-Distorsionar/disfrazar la realidad, fantaseando o creando una ilusión paralela en la que exageras tus cualidades o las de los demás.

-Negociar con la realidad: Parte del pensamiento mágico y más primitivo, implica buscar una solución desde la desesperación en muchas ocasiones y supone defenderte para evitar aquello que no aceptas. “Vamos a pactar, yo haré un esfuerzo con esto y esta situación mejorará”

-Ironizar, utilizar el humor o el sarcasmo de forma exagerada o desmesurada para desdramatizar y aliviar el malestar sin permitirte mostrar tu vulnerabilidad.


                                                                         FOTO: google imágenes


En el proceso hacia la aceptación puedes llegar a sentir enfado, angustia emocional, rabia, culpa o ira hacia ti mismo o hacia los demás (“no es justo”, “¿por qué me sucede esto a mi?”, “yo podría haber hecho algo”,…) o en otra fase del camino experimentar dolor emocional y una profunda tristeza (“no sirve de nada que haga algo”, “ no tiene sentido la vida”,…). Se trata de avanzar pasando por diferentes fases que te lleven a la aceptación sin experimentar emociones intensas desagradables que te bloqueen y alejen de la realidad.

Lindenmann , Brown y Schulz plantearon una secuencia resumen de las fases más importantes para la elaboración del duelo y partiendo de su aportación considero que se desprenden básicamente cuatro tareas que componen el proceso hacia la aceptación.

-1-Ver,  admitir y tomar conciencia de la realidad tal y como es y de las
 consecuencias de ésta que hay en ti y en los demás
-2-Experimentar la realidad
-3-Sentir el dolor y todas las emociones, permitiendo que fluyan
 canalizándolas adecuadamente.
-4-Nueva adaptación a la realidad (readaptación) tras asumir lo
inevitable y decidir conscientemente tu nueva postura ante ésta.


Así pues, la aceptación se conquista cuando has elaborado la perdida de aquello que no fue, no es o de lo que no será, cuando admites que lo que deseabas o quisieras no es posible y no puedes cambiarlo por ti mismo. Hay un cambio de visión de la situación y una orientación hacia el presente y el futuro permitiendo la transformación de ti mismo o de tu vida.


Cuando aceptas, asumes sin oposición la imperfección, las limitaciones propias o de los otros, las carencias y lo inevitable. Es entonces cuando lo que piensas, verbalizas y sientes tiene una mayor correspondencia y puedes gestionar saludablemente tus emociones, predominando la serenidad y la satisfacción personal por haber conseguido integrar en tu vida lo vivido, reorganizarte interiormente y poder reorientarte de nuevo con un mayor sentimiento de autenticidad. Predominan pensamientos del tipo “esto no depende de mí”, "es lo que hay", "no puedo cambiarlo", “pasará”, “no puedo luchar contra esto pero sí puedo prepararme para afrontarlo de la mejor manera posible”, “siento que he crecido con esta experiencia”,…


Muchos problemas emocionales y desajustes vitales se asientan en la no aceptación pudiendo llegar a quedarse uno instalado durante más tiempo del esperado en alguna de sus fases. Otros pueden derivarse a su vez de haber decidido conformarse aceptando como válido en la vida algo que globalmente no se desea pero que en cambio ofrece una ganancia asociada secundaria, o que incluso dependiendo de uno para cambiarse acaba no considerándose por el gran esfuerzo que cree que supondría hacerlo o por la valoración de escasa probabilidad de conseguir ese cambio. Supondría entonces conformarse porque se valora que costaría mucho alcanzar lo que realmente se desea, se cree que no se conseguiría o compensa por otro lado dejar las cosas como están. En cualquier caso, no asumir de modo consciente la realidad y sus consecuencias asociadas supone no disponer de la base necesaria para poder decidir en consecuencia la postura que uno quiere adoptar al respecto, implicando una probable pérdida de identidad y de autenticidad.


Es muy importante, por tanto, que cuando algo te genere malestar te detengas, analices lo que está ocurriendo y honestamente valores si depende de ti cambiarlo. En caso de que no seas un agente con posibilidad de transformar esa realidad te encontrarás ante un proceso de aceptación de la misma y con una oportunidad de crecimiento y autoconocimiento personal. Si en cambio determinas que sí puedes actuar y cambiar lo que no deseas es el momento de diseñar un plan de acción para conseguir tus objetivos, motivarte y asumir el control y la responsabilidad de luchar por lo que quieres en tu vida permitiéndote sentir satisfecho contigo mismo.





Fuentes consultadas:
.Modelo Kübler-Ross: Kubler-Ross, E.: On death and dying. Nueva York: Routledge, 1973
.Modelo Lindenmann , Brown y  Schulz: 
            https://es.wikipedia.org/wiki/Duelo_(psicolog%C3%ADa)
.http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S2007471914703783

miércoles, 29 de abril de 2015

La importancia del AUTOCONCEPTO AJUSTADO: Cuando me miro en el espejo y no me gusta lo que veo


Personas divertidas  que se consideran pesadas, atractivas que se sienten feas, sensibles que se identifican como lloronas y descontroladas, afortunadas que se ven desdichadas, inteligentes que se perciben incompetentes, creativas que se consideran estúpidas, habilidosas que se creen torpes,…



En ocasiones nos miramos al espejo y no nos gusta lo que vemos, anhelamos otro aspecto, una actitud distinta, un rasgo o un cuerpo diferente. A casi todos nos ha podido suceder algo similar alguna vez.

Podemos desear que sean los demás los que nos den la seguridad que no encontramos en nosotros mismos, dar mucho más valor a la mirada de los otros o avergonzarnos porque quizás no sintamos que estamos a la hipotética altura de las circunstancias.

Hay quienes finalmente dejan de mirarse en el espejo para no verse,  huyen sistemáticamente de sí mismos o se esfuerzan por ser quienes no son aparentando e imitando a otros. Algunos llegan a esconderse detrás de jornadas laborales interminables, otros dejan de relacionarse y se aíslan o bien proyectan sus frustraciones en quienes les rodean. 


                                                                                             FOTO: http://emocionesysentimientos.com/2008/05/07/quien-soy-yo/
                                                                                       

La desconexión de/con la realidad, la sensación de extrañeza hacia uno mismo, el desanimo, la tristeza, la sintomatología ansiosa o la progresiva pérdida de identidad (¿quién soy?, ¿qué me gusta?,…) suponen en ocasiones un punto de inflexión para uno mismo o para alguien cercano que llega a la conclusión de que quizás algo no va bien.

Focalizar desmesuradamente en lo que no me gusta o lo que no consigo puede nublar la visión de lo que sí me gusta o tolero de mí mismo, de mis logros y de lo que puedo conseguir. Puede que llevemos puestas unas gafas sucias o empañadas sin ser conscientes de ello, y creamos ver la realidad completa cuando realmente sólo estemos alcanzando a ver parte de ella. En estos casos no se trata de la imagen que se refleja en el espejo sino más bien de lo que el que mira percibe e interpreta.



                                                                                    FOTO: http://maestrosdelpoker.com/jugar-al-poker-percepcion-distorsionada/

                                                                                          
Sabemos que objetivamente  un error no nos define como personas ni un aspecto específico de nuestra personalidad, imagen corporal o actitud  tampoco. Por tanto, sobredimensionar o maximizar algo concreto de nosotros mismos que no nos gusta o que nos incomoda, puede llegar a convertirse en una idea obsesiva de la que cada vez nos cueste más desprendernos ya que poco a poco se puede ir instalando en nuestro pensamiento. Asumir que algo determinado delimita la totalidad de lo que soy implica cometer un sesgo de autopercepción importante y por ello es fundamental identificarlo para trabajarlo, reducir la intensidad de sus efectos o eliminarlo.

En estos casos, el autoconcepto (la imagen que cada uno tiene de sí mismo) se empobrece y se desajusta llegándonos a  jugar una mala pasada al condicionar enormemente otras áreas vitales, ya que sin duda lo que piense de mí mismo va a influir inevitablemente  en la estima que me tenga, en el modo de observar la realidad, de gestionar las emociones o situaciones y de relacionarme.


Tomar conciencia de que la imagen que se proyecta y veo reflejada cuando me miro pueda estar distorsionada supone comenzar a caminar por la senda del autodescubrimiento y la aceptación de uno mismo con las limitaciones, fortalezas y potencialidades inherentes a la propia existencia. Sólo aquello que dependa de mí total o parcialmente podré cambiarlo en alguna medida, ya que tengo la posibilidad de generar cambios importantes en mi sistema personal dentro mi propio radio de acción.

Es fundamental para mantener nuestro bienestar físico y psicológico disponer de un autoconcepto (lo que sé de mí mismo) adecuado y ajustado con la realidad, base fundamental para desarrollar una autoestima (lo que siento por mí mismo) positiva.



jueves, 11 de septiembre de 2014

Personas RESILIENTES: La importancia de conocer sus capacidades y competencias emocionales.



Hay personas que afrontan de forma hábil las dificultades y adversidades intrínsecas de la vida, que se sobreponen, salen fortalecidas e impulsan su crecimiento personal porque consiguen extraer aprendizajes valiosos de las peores situaciones que podemos imaginar. Con ello no quiero decir que sea sencillo, que no experimenten emociones negativas o que en ocasiones se sientan perdidas o desesperanzas. Quiero decir que a pesar de todo, continúan avanzando, aceptan su nueva realidad y consiguen vivir plenamente.

En ocasiones, en las sesiones de intervención, detecto claramente esa “garra” que de pronto se activa y se engancha a cualquier haz de esperanza, ese “instinto de supervivencia” que pone en marcha todo un plan de rescate emocional como si de alguna forma, interiormente, esa persona hubiera tomado conciencia de que ha llegado al suelo del hoyo y quiere salir tomando impulso.

En este punto, estas personas presentan cierta ansia por encontrar el modo de avanzar a pesar de que su día a día esté nublado y anhelan que alguien encienda la luz en el recorrido que queda por andar hasta encontrar la salida.

No tienden a detenerse excesivamente en la pena, la culpa o el discurso recurrente, sino que tienden a conceptualizar y definir la pérdida, asignan responsabilidades y se orientan al presente y al futuro a pesar de que su estado de ánimo sea bajo o se encuentren desubicados. Buscan soluciones y ponen su energía en reestructurarse apoyándose en los recursos personales, familiares y sociales de los que dispongan.

Con el tiempo identifican elementos de fortuna, aquello que a pesar del infortunio o del problema, sigue siendo valioso en su vida (personas que permanecen, circunstancias favorables, estima propia,  logros alcanzados,…) y de nuevo, paulatinamente, comienzan a desarrollar la capacidad de disfrute, recuperan el control y toman decisiones consecuentes libre y autónomamente.

Si os detenéis por unos minutos a pensar en ello encontraréis en vuestro entorno personas que encajarían en esta descripción e incluso puede que vosotros mismos os veáis identificados. 

Sabemos que hay características propias de ciertas personas que favorecen la recuperación tras un suceso violento,  traumático, negativo, inesperado, intenso o incontrolable que inicialmente ha generado miedo e indefensión y ha desbordado la capacidad de respuesta y adaptación.

La resiliencia es precisamente esa capacidad para sobreponerse al dolor emocional y a las situaciones adversas potenciando los recursos existentes y facilitando el reajuste.

Hay personas resilientes, que han desarrollado en su proceso de socialización habilidades de afrontamiento adecuadas  y eficaces, que cognitivamente disponen de una estructura o mapa que tiende al razonamiento ajustado a la realidad, que se orientan hacia lo que depende de ellas y especialmente hacia el hoy y el mañana.

¿Quiere decir que sólo el resiliente puede alcanzar la vida plena tras la adversidad? Evidentemente no, si bien es cierto que éste tiene un trecho del camino andado.


Cualquiera de nosotros tiene la capacidad de cambiar, adaptarse y reestructurarse precisando para ello tiempo y realizando el trabajo personal adecuado  contando con los apoyos internos y externos necesarios.


                                                                                                  FOTO: http://www.flow-ecodesign.es/blog/4-tips-resiliencia/


Son tremendamente interesantes las líneas de investigación existentes en el área de la resiliencia, los factores protectores y los factores de vulnerabilidad que de algún modo modulan la forma en la que cada una de las personas afrontamos los problemas y la adversidad de la vida. Desmenuzar el funcionamiento y la estructura de las personas resilientes o conocer el desarrollo de su capacidad nos da la clave para poder potenciar dichas áreas en todos y cada uno de nosotros



Os dejo con una selección de enlaces para profundizar sobre este tema que os permitirán adentraros en esta área de conocimiento. 


¡Seguro que salís fortalecidos!








martes, 27 de mayo de 2014

¿Quién eres?: LA BÚSQUEDA DE UNO MISMO



En ocasiones el ritmo de  vida en el que estamos inmersos, las exigencias del entorno y las que nos fijamos nosotros mismos, dificultan que tomemos conciencia de quiénes somos, lo que deseamos y los pasos que vamos dando día a día, de tal modo que puede que estemos caminando en la dirección contraria a dónde queremos  ir y por tanto nos estemos alejando en realidad cada vez más de aquello que interiormente deseamos o querríamos alcanzar.

Ante una gestión ineficaz de un acontecimiento estresante, dramático o una pérdida real o percibida en la que los recursos de los que disponemos no son suficientes para salir adelante, podemos llegar a adentrarnos en un momento vital crítico en el que dejamos de atender a lo externo y evaluamos intensamente nuestras competencias y el entorno que nos rodea. El fallecimiento de un familiar, la pérdida de un trabajo o no encontrarlo, el nacimiento de un hijo, ser víctima de una agresión, una separación, una ruptura sentimental o presenciar un desastre natural son algunas de las situaciones en las que generalmente solemos pararnos a reflexionar en profundidad.

En las crisis vitales se produce un desajuste tal que requiere nuestra absoluta atención y dedicación para evaluar y re-evaluar  las pérdidas, los recursos de afrontamiento o los apoyos vitales tantas veces como sea necesario para recuperar cierto equilibrio. Mirarnos al espejo con valentía y reconocer nuestras debilidades y fortalezas, es un punto de inflexión que posiblemente marcará un giro en la dirección mantenida hasta ese momento. La conceptualización que hagamos de esta etapa crítica es crucial para la manera en que la “vivenciemos”. Entender la crisis personal como una oportunidad para el cambio, de crecimiento o como una forma de desarrollar nuestra autenticidad nos invita a adoptar una actitud en la que maximizamos los beneficios y aumentamos la probabilidad de superarla con éxito.



                                                                                                          FOTO: http://mentirasmalcontadas.wordpress.com



Para ello, para salir fortalecido de un momento vital crítico, es necesario vencer la etapa inicial de incertidumbre e inseguridad, altamente cargada de pensamientos paralizantes donde la culpa o los reproches personales se instalan sin ni siquiera darnos cuenta. Sentirnos perdidos, solos, incomprendidos o desafortunados forma parte del proceso y vencer estos estados emocionales puede dar paso a un análisis constructivo del momento en el que nos encontramos. Sólo de este modo podremos tomar decisiones consecuentes que puedan beneficiarnos no sólo a corto plazo, podremos comenzar a vislumbrar qué queremos conservar de nosotros mismos, de lo que nos rodea o a qué personas queremos seguir teniendo cerca. En definitiva qué queremos seguir llevando en la mochila día a día.

En este punto es cuando verdaderamente nos miramos en el espejo y podemos recomponernos tal y como queremos aquí y ahora. Es cuando podemos asimilar nuestra historia pasada a pesar de que se aleje de lo que hubiéramos deseado, aprender de ella, desaprender comandos en los que se nos ha programado que ya no son útiles y aprender nuevas formas de funcionamiento saludables. Sin duda es el momento de sacar conclusiones y quedarnos con lo verdaderamente importante que guiará nuestra nueva toma de decisiones y motivará la dirección que queramos tomar.


                                                                                                               FOTO: http://www.enriquemonterroza.com


Saber quién eres, lo que te gusta y lo que te encanta, lo que no quieres, lo que para ti es negociable y lo que no, lo que deseas, a quién quieres, tus limitaciones, tu zona de comodidad, lo que estás dispuesto a arriesgar, lo que te hace vibrar o lo que te invita a sonreír, es fundamental para VIVIR.  Tomar conciencia de ello es treméndamente  importante porque variará según nuestro momento vital o las circunstancias que nos rodean. Lo que en su momento fue útil y efectivo puede que ya no lo sea y si no lo detectamos quizás estemos limitando nuestro propio potencial.

Algunas personas tienen un sentido innato o aprendido e interiorizado de lo que supone su existencia y regularmente toman conciencia y no sólo analizan algunos de estos aspectos de un modo intenso en sus crisis vitales. Otras, en cambio, se instalan en la comodidad y se mueven por patrones fijos y difíciles de modificar, los cuales pudieron tener una funcionalidad en el pasado pero permanecen sin ser re-evaluados ni adaptados al AQUÍ Y AHORA.

VIVIR supone reconocer el dinamismo intrínseco que conlleva, así como la posibilidad de que como personas cambiamos y disponemos regularmente de nueva información o nuevos circunstancias que es importante considerar para modificar la hoja de ruta que nos acerque a donde queremos llegar.


No olvidemos que, podemos empezar de nuevo en cualquier momento, tantas veces como queramos. Tenemos la capacidad, como seres humanos, de “des-programarnos” y cambiar.




lunes, 7 de abril de 2014

NO ES NO: La importancia de las medidas de prevención contra la VIOLENCIA SEXUAL.


¿Se puede evitar ser víctima de una violación o de una agresión sexual?, ¿qué supone un trauma?, ¿por qué a mí?, ¿qué puedo hacer?, ¿podré salir?, me cuesta creer que me haya pasado, tengo miedo, ¿dónde puedo ir?, ¿qué opciones hay?, ¿volveré a sentirme bien?, ¿no sé cómo me ha podido pasar?



Art. 178 del Código Penal. El que atentare contra la libertad sexual de otra persona, con violencia o intimidación, será castigado como responsable de agresión sexual.

Art. 179 del Código Penal. Cuando la agresión sexual consista en acceso carnal por vía vaginal, anal o bucal, o introducción de objetos por alguna de las dos primeras vías, el responsable será castigado, como reo de violación.

El Art. 180, y el 183 del Código Penal para el caso de los menores víctimas de dichos delitos,  recogen los agravantes o circunstancias que pueden concurrir en la comisión del delito que incrementan  la responsabilidad penal.  Algunos agravantes son que la violencia o intimidación ejercida revista un carácter particularmente degradante o vejatorio, que los hechos se cometan por la actuación conjunta de dos o más personas o cuando, para la ejecución del delito, el responsable se haya prevalido de una relación de superioridad o parentesco, por ser ascendiente, descendiente o hermano, por naturaleza o adopción, o afines, con la víctima.


La criminalidad en España experimentó un descenso general de un 4,3% en 2013 en comparación con el año anterior, pero se registró un aumento de violaciones y de asesinatos de mujeres a manos de sus parejas, según el balance de delitos y faltas (Balance de criminalidad España 2013). A lo largo del año pasado se registraron en España un total de 1.298 "agresiones sexuales con penetración" lo que supone un incremento del 1,4% con respecto a 2012.





Lo cierto es que en ocasiones las medidas de seguridad y protección establecidas o el control informal comunitario y familiar no son suficiente para evitar la comisión de delitos. La realidad es que en la práctica no todos los ciudadanos manejamos los mismos conceptos de respeto, dignidad o derechos, ni aspiramos a los mismos ideales de justicia y humanidad.

En el seno de una sociedad con diferentes grados de seguridad y protección real y percibida, en el mejor de los casos encontramos personas que viven felizmente  día a día ajenas a otras realidades, mientras que en el peor de los casos a alguien le sucede algo en primera persona o en su entorno que le hace tomar conciencia de pronto de una gran pérdida que cambia radicalmente su estado, es víctima de un suceso violento.  La mayoría de víctimas de violencia precisamente por el hecho de serlo, de haber vivido y experimentado un suceso de consecuencias dramáticas contrario a lo que hasta entonces podrían esperar o imaginar, dejan de percibir su entorno seguro, disminuyendo notablemente su percepción de control sobre la situación.


Un trauma supone un malestar intenso por un suceso negativo brusco e inesperado de consecuencias dramáticas y causado por otros seres humanos. Este tipo de acontecimientos desborda con frecuencia la capacidad de respuesta de una persona, que puede sentirse incapaz de adaptarse a la nueva situación y perder la esperanza en el futuro.(Cita textual extraída del libro “Superar el trauma. El tratamiento de las víctimas de sucesos violentos” de Enrique Echeburúa)


                                                                                                                 FOTO:https://www.google.com/search?q=Violancion+prevencion

Intervenir a nivel emocional con víctimas de violencia supone poner rostro al pequeño porcentaje de las estadísticas que muchos desestiman en su día a día, tener muy presente que cualquiera puede ser uno de esos números en este momento y ser testigo de excepción de un proceso de recuperación personal desgarrador y edificante a la vez en el que la fortaleza se (re-)construye desde la más absoluta fragilidad.

La connotación sexual en los delitos de violencia sexual o la propia cosificación sexual,  que supone representar o tratar a una persona como un objeto sexual, ignorando sus cualidades y habilidades intelectuales y personales y reduciéndolas a meros instrumentos para el deleite sexual de otra persona, añade elementos específicos a tener en cuenta en el proceso de recuperación emocional que es necesario evaluar y trabajar profundamente. 

La violencia sexual  afecta directamente a la víctima pero también a su entorno inmediato, a su comunidad e incluso al sistema de salud y de justicia, afectando entonces a TODA la sociedad. Supone una violación de los derechos humanos y un problema de desarrollo social.

Es importantísimo prevenir la violencia sexual desde la educación en igualdad en las escuelas, el empoderamiento de víctimas potenciales,  las campañas de sensibilización social y de educación sexual, desde el sistema penitenciario y de justicia, o incluso facilitando el acceso a la población general a medidas de protección y seguridad básicas.

Ante un  delito contra la libertad e indemnidad sexual es fundamental asistir a la víctima de forma integral, facilitarle a ella y a su entorno un espacio seguro en el que poder realizar un toma de decisiones consecuente,  así como disponer de asesoramiento profesional especializado que les facilite las pautas de actuación recomendables  o la información sobre sus derechos, el acceso a la justicia y a los servicios de salud.


Las medidas de prevención, la atención directa e indirecta, la asistencia especializada, la sensibilización social y profesional, la intervención o el asesoramiento son parte de la clave para abordar esta problemática tan desgarradora. Contamos con el apoyo institucional, con recursos y con campañas interesantísimas que enlazo a continuación para poder profundizar sobre el tratamiento o abordaje psicosocial.





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