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domingo, 25 de septiembre de 2016

“CUANDO EL CAMBIO LLEGA Y NO PUEDO ESCAPAR DE ÉL”

Detente y echa un vistazo hacia atrás, a tu vida y concretamente a cómo has tendido a posicionarte ante las dificultades y los cambios. Es una forma sencilla de saber de ti.

La educación que hemos recibido, los contextos en los que nos hemos desarrollado, las experiencias vitales o el carácter pueden condicionar de algún modo la forma en que percibimos e interpretamos el mundo y cómo nos colocamos ante la adversidad, los desequilibrios o los desajustes propios de la existencia, esos momentos en los que te sientes desordenado o con tu mundo del revés.

El cambio y la transformación personal forman parte del crecimiento interior y estamos diseñados para abordarlos con eficacia. En ocasiones nosotros mismos nos boicoteamos y dificultamos el paso a otras etapas de nuestra vida y nos instalamos en dinámicas de sufrimiento.
A veces llega el cambio y no podemos escapar de él, no podemos escapar de la incomodidad.

Lo cierto es que tendemos a buscar la estabilidad y cuando algo la amenaza se activan las señales de alarma. Algunas personas se resisten a aceptar la ruptura del equilibrio y hacen caso omiso a los indicadores llegando a tener una vida insatisfactoria primando conservar lo que les es conocido a pesar de que no se sienten plenos. Otras personas actúan, se reajustan y se reinventan con relativa facilidad esforzándose por conseguir reconquistar su bienestar.

FOTO:http://leticiabrando.com/afrontando-los-cambios-2/



¿Qué influye en el modo en que afrontamos los posibles grandes cambios vitales?

1-Las creencias asociadas a la situación o, dicho de otro modo, los pensamientos de base relacionados con lo que te está sucediendo pueden invitarte a continuar o a detenerte y bloquearte. El grado de tolerancia hacia lo nuevo que sucede, lo que piensas sobre ti mismo y los otros, lo que “está bien” y lo que “está mal” según tus parámetros y los de tu entorno inmediato condicionan el modo en que conceptualizas lo que te está ocurriendo.

2-La percepción de control que tengas sobre la situación es importante porque en función de ella decides y actúas. Si consideras que algo depende de ti en gran parte harás por intervenir, mientras que si partes de que no puedes cambiar la situación tenderás a inmovilizarme y esperar.  La percepción es subjetiva y puede estar desajustada con la realidad por lo que analizarla puede dar la clave para ahorrar energías y emplearlas de forma eficaz.

3-El pensamiento rígido o flexible obstaculiza o facilita la generación de alternativas o “buenas soluciones”. Si tiendes a pensar que hay una única “forma de hacer” cuando ésta no sea viable o te genere malestar te resistirás a cambiarla, mientras que si tiendes a flexibilizar y tolerar otras opciones como posibles o válidas caminarás en otra dirección desde la serenidad y la aceptación.

4-El resultado del balance personal general que haces sobre lo que está ocurriendo depende de la percepción de pérdida y ganancia. En los momentos críticos eres consciente de que algo dejó de estar de un modo determinado si bien desconoces como restaurarás el equilibrio. Es importante dejar ir, soltar o liberar lo que fue para que puedas avanzar y construir algo nuevo, algo que encaje con lo que sientes profundamente en el aquí y ahora y que sea honesto contigo.

5-Las emociones asociadas a los procesos de cambio en las etapas iniciales suelen generar malestar, para poco a poco dejar paso a la convivencia de las emociones positivas y negativas de forma intercalada. De “todos los días “malos” pasas a tener algunos ratos de calma o cierto disfrute, justo cuando comienzas a visualizar ciertas ganancias de la transformación. Todo este proceso de incertidumbre está vinculado a las habilidades que tengas en la gestión emocional siendo el cambio un promotor del aprendizaje sobre ti mismo, tus estrategias de afrontamiento y la propia vida.

6-Los miedos a perder, a no ganar, a dañar, al rechazo, a no alcanzar tus objetivos, a perderte o a sufrir se pueden disparar y hacerse grandes. En ocasiones se hacen tan grandes que pueden llevarte a no ser justo contigo mismo y no asumir el riesgo intrínseco que conlleva ser auténtico y VIVIR.

7-El apoyo y el grado de aceptación que percibes puede influir en menor o mayor medida en la forma en que te posicionas ante lo que te ocurre. De ahí la importancia de rodearte de personas impulsoras que acolchen y amortigüen el impacto de la propia sensación de vértigo inicial y posterior desequilibrio.

8-Ante la adversidad o el desajuste puedes instalarte en el peligroso papel de víctima o en el de verdugo/juzgador. El primero se caracteriza por colocarte en una posición de padecimiento, vulnerabilidad, incapacidad  y negatividad. La responsabilidad se deposita en lo externo. Puedes sentir pena o lástima por ti mismo, no creer en tus capacidades o posibilidades o pensar que la vida te está castigando de algún modo o la mala suerte se ha cebado contigo. En el segundo, en el papel del verdugo, predomina una actitud excesivamente crítica contigo mismo o con los demás en la que te muestras intransigente y juzgador del bien y el mal impartiendo “justicia”, viendo el blanco o el negro únicamente y no considerando la gama de grises.

9-Conocer el proceso de cambio interior y transformación, sus fases o incluso haber salido airoso de procesos previos vividos proporciona cierta serenidad y facilita que las emociones fluctúen en intensidades moderadas evitando entrar en pánico.

10-Escucharte, conocerte y atender las señales propias y externas te invitan a conectar con tu fuerza interior y creer en la posibilidad de que fluir te acerca a  tu esencia personal.



Socialmente nos preparan para lo estable, lo normativo y el disfrute de la emoción positiva, pero lo cierto es que la inestabilidad, la diferencia y diversidad o el malestar es vivenciado por todas las personas. Generalmente aprendemos a gestionarnos en el devenir de la vida y descubrimos que ambas formas se entremezclan y conviven con nosotros. Periodos de calma y periodos de tempestad, ambos necesarios para valorar uno y otro, para crecer, para ser y estar de un modo de genuino. 

FOTO: http://www.cambiandoelrumbo.com/index.php/herramientas-para-el-cambio/

viernes, 16 de octubre de 2015

La conquista de la ACEPTACIÓN, sus tareas y resistencias


Si mentalmente te detienes por unos minutos e intentas analizar muy a groso modo cómo ha sido tu vida hasta este mismo instante encontrarás altos y bajos en el camino, etapas que recuerdas especialmente dulces y otras marcadas por acontecimientos o circunstancias que te han desestabilizado. Probablemente detectas situaciones o hechos vitales muy importantes que han condicionado tu crecimiento y desarrollo vital, algunos los valorarás de forma positiva y otros claramente de forma más negativa. En cualquier caso haber vivido cada uno de ellos te ha permitido llegar a ser tal y como eres en este preciso momento.


La aceptación de tu realidad, de quien eres, de lo vivido e incluso de lo no vivido pero a su vez especialmente deseado, es una conquista que te permite seguir avanzando y liberarte de miedos y emociones negativas que muchas veces dificultan e impiden que vivas de forma plena tu vida.

En ocasiones, de forma involuntaria y automática, puedes llegar a poner en marcha mecanismos de resistencia para afrontar una realidad que no te gusta y que no deseas conocer en un intento de “sobrevivir” a una circunstancia que amenazaría tu sistema de creencias, la imagen que tienes de ti mismo o de los demás o tu propio equilibrio personal. Algunas de las estrategias  que empleamos para protegernos frente a lo desagradable son:


-Minimizar los efectos que se están produciendo: “no es para tanto”, “ha ocurrido muy pocas veces”,…

-Normalizar la situación y los efectos adversos: “le pasa a mucha gente”, “esto es bastante normal en esta sociedad”,…

-Justificar la conducta: “no tiene importancia porque en el fondo lo hace porque me quiere”, “estaba muy nerviosa, no pasa nada”, “con la situación personal tan complicada que hay es lógico”,…

-Disociar/separar/dividir la realidad y atender únicamente a la parte que encaja con tus expectativas o lo que a ti te gustaría (auto-engaño): “él me quiere porque me lo ha dicho y pasamos una tarde estupenda”- “pero, vi que te empujó y te insultó cuando ibais hacia el coche”- “ah! No, sólo fue un malentendido! Estamos muy bien, estuvo muy cariñoso esa tarde”.

-Negar la realidad o parte de ella, postergando el impacto que tendría asumir lo real. 
Puede haber un rechazo total a admitir lo que está ocurriendo  llegando a negarte a escuchar algo que no quieres:  “mi familia SIEMPRE está cuando la necesito”, “mis hijos son PERFECTOS”, “mi vida es PERFECTA”, “voy a conseguir TODO lo que me proponga”, “mis padres SIEMPRE saben qué es lo mejor para mi”, …

-Esfuerzos constantes y persistentes por intentar cambiar tu realidad o la de otra persona asumiendo que tienes control sobre ella y puedes conseguirlo. Esta estrategia de resistencia supone un gran desgaste personal, genera sentimientos de frustración cuando no consigues lo que quieres e impide que tu esfuerzo se dirija hacia aquello que sí depende de ti.

-Distorsionar/disfrazar la realidad, fantaseando o creando una ilusión paralela en la que exageras tus cualidades o las de los demás.

-Negociar con la realidad: Parte del pensamiento mágico y más primitivo, implica buscar una solución desde la desesperación en muchas ocasiones y supone defenderte para evitar aquello que no aceptas. “Vamos a pactar, yo haré un esfuerzo con esto y esta situación mejorará”

-Ironizar, utilizar el humor o el sarcasmo de forma exagerada o desmesurada para desdramatizar y aliviar el malestar sin permitirte mostrar tu vulnerabilidad.


                                                                         FOTO: google imágenes


En el proceso hacia la aceptación puedes llegar a sentir enfado, angustia emocional, rabia, culpa o ira hacia ti mismo o hacia los demás (“no es justo”, “¿por qué me sucede esto a mi?”, “yo podría haber hecho algo”,…) o en otra fase del camino experimentar dolor emocional y una profunda tristeza (“no sirve de nada que haga algo”, “ no tiene sentido la vida”,…). Se trata de avanzar pasando por diferentes fases que te lleven a la aceptación sin experimentar emociones intensas desagradables que te bloqueen y alejen de la realidad.

Lindenmann , Brown y Schulz plantearon una secuencia resumen de las fases más importantes para la elaboración del duelo y partiendo de su aportación considero que se desprenden básicamente cuatro tareas que componen el proceso hacia la aceptación.

-1-Ver,  admitir y tomar conciencia de la realidad tal y como es y de las
 consecuencias de ésta que hay en ti y en los demás
-2-Experimentar la realidad
-3-Sentir el dolor y todas las emociones, permitiendo que fluyan
 canalizándolas adecuadamente.
-4-Nueva adaptación a la realidad (readaptación) tras asumir lo
inevitable y decidir conscientemente tu nueva postura ante ésta.


Así pues, la aceptación se conquista cuando has elaborado la perdida de aquello que no fue, no es o de lo que no será, cuando admites que lo que deseabas o quisieras no es posible y no puedes cambiarlo por ti mismo. Hay un cambio de visión de la situación y una orientación hacia el presente y el futuro permitiendo la transformación de ti mismo o de tu vida.


Cuando aceptas, asumes sin oposición la imperfección, las limitaciones propias o de los otros, las carencias y lo inevitable. Es entonces cuando lo que piensas, verbalizas y sientes tiene una mayor correspondencia y puedes gestionar saludablemente tus emociones, predominando la serenidad y la satisfacción personal por haber conseguido integrar en tu vida lo vivido, reorganizarte interiormente y poder reorientarte de nuevo con un mayor sentimiento de autenticidad. Predominan pensamientos del tipo “esto no depende de mí”, "es lo que hay", "no puedo cambiarlo", “pasará”, “no puedo luchar contra esto pero sí puedo prepararme para afrontarlo de la mejor manera posible”, “siento que he crecido con esta experiencia”,…


Muchos problemas emocionales y desajustes vitales se asientan en la no aceptación pudiendo llegar a quedarse uno instalado durante más tiempo del esperado en alguna de sus fases. Otros pueden derivarse a su vez de haber decidido conformarse aceptando como válido en la vida algo que globalmente no se desea pero que en cambio ofrece una ganancia asociada secundaria, o que incluso dependiendo de uno para cambiarse acaba no considerándose por el gran esfuerzo que cree que supondría hacerlo o por la valoración de escasa probabilidad de conseguir ese cambio. Supondría entonces conformarse porque se valora que costaría mucho alcanzar lo que realmente se desea, se cree que no se conseguiría o compensa por otro lado dejar las cosas como están. En cualquier caso, no asumir de modo consciente la realidad y sus consecuencias asociadas supone no disponer de la base necesaria para poder decidir en consecuencia la postura que uno quiere adoptar al respecto, implicando una probable pérdida de identidad y de autenticidad.


Es muy importante, por tanto, que cuando algo te genere malestar te detengas, analices lo que está ocurriendo y honestamente valores si depende de ti cambiarlo. En caso de que no seas un agente con posibilidad de transformar esa realidad te encontrarás ante un proceso de aceptación de la misma y con una oportunidad de crecimiento y autoconocimiento personal. Si en cambio determinas que sí puedes actuar y cambiar lo que no deseas es el momento de diseñar un plan de acción para conseguir tus objetivos, motivarte y asumir el control y la responsabilidad de luchar por lo que quieres en tu vida permitiéndote sentir satisfecho contigo mismo.





Fuentes consultadas:
.Modelo Kübler-Ross: Kubler-Ross, E.: On death and dying. Nueva York: Routledge, 1973
.Modelo Lindenmann , Brown y  Schulz: 
            https://es.wikipedia.org/wiki/Duelo_(psicolog%C3%ADa)
.http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S2007471914703783

jueves, 11 de septiembre de 2014

Personas RESILIENTES: La importancia de conocer sus capacidades y competencias emocionales.



Hay personas que afrontan de forma hábil las dificultades y adversidades intrínsecas de la vida, que se sobreponen, salen fortalecidas e impulsan su crecimiento personal porque consiguen extraer aprendizajes valiosos de las peores situaciones que podemos imaginar. Con ello no quiero decir que sea sencillo, que no experimenten emociones negativas o que en ocasiones se sientan perdidas o desesperanzas. Quiero decir que a pesar de todo, continúan avanzando, aceptan su nueva realidad y consiguen vivir plenamente.

En ocasiones, en las sesiones de intervención, detecto claramente esa “garra” que de pronto se activa y se engancha a cualquier haz de esperanza, ese “instinto de supervivencia” que pone en marcha todo un plan de rescate emocional como si de alguna forma, interiormente, esa persona hubiera tomado conciencia de que ha llegado al suelo del hoyo y quiere salir tomando impulso.

En este punto, estas personas presentan cierta ansia por encontrar el modo de avanzar a pesar de que su día a día esté nublado y anhelan que alguien encienda la luz en el recorrido que queda por andar hasta encontrar la salida.

No tienden a detenerse excesivamente en la pena, la culpa o el discurso recurrente, sino que tienden a conceptualizar y definir la pérdida, asignan responsabilidades y se orientan al presente y al futuro a pesar de que su estado de ánimo sea bajo o se encuentren desubicados. Buscan soluciones y ponen su energía en reestructurarse apoyándose en los recursos personales, familiares y sociales de los que dispongan.

Con el tiempo identifican elementos de fortuna, aquello que a pesar del infortunio o del problema, sigue siendo valioso en su vida (personas que permanecen, circunstancias favorables, estima propia,  logros alcanzados,…) y de nuevo, paulatinamente, comienzan a desarrollar la capacidad de disfrute, recuperan el control y toman decisiones consecuentes libre y autónomamente.

Si os detenéis por unos minutos a pensar en ello encontraréis en vuestro entorno personas que encajarían en esta descripción e incluso puede que vosotros mismos os veáis identificados. 

Sabemos que hay características propias de ciertas personas que favorecen la recuperación tras un suceso violento,  traumático, negativo, inesperado, intenso o incontrolable que inicialmente ha generado miedo e indefensión y ha desbordado la capacidad de respuesta y adaptación.

La resiliencia es precisamente esa capacidad para sobreponerse al dolor emocional y a las situaciones adversas potenciando los recursos existentes y facilitando el reajuste.

Hay personas resilientes, que han desarrollado en su proceso de socialización habilidades de afrontamiento adecuadas  y eficaces, que cognitivamente disponen de una estructura o mapa que tiende al razonamiento ajustado a la realidad, que se orientan hacia lo que depende de ellas y especialmente hacia el hoy y el mañana.

¿Quiere decir que sólo el resiliente puede alcanzar la vida plena tras la adversidad? Evidentemente no, si bien es cierto que éste tiene un trecho del camino andado.


Cualquiera de nosotros tiene la capacidad de cambiar, adaptarse y reestructurarse precisando para ello tiempo y realizando el trabajo personal adecuado  contando con los apoyos internos y externos necesarios.


                                                                                                  FOTO: http://www.flow-ecodesign.es/blog/4-tips-resiliencia/


Son tremendamente interesantes las líneas de investigación existentes en el área de la resiliencia, los factores protectores y los factores de vulnerabilidad que de algún modo modulan la forma en la que cada una de las personas afrontamos los problemas y la adversidad de la vida. Desmenuzar el funcionamiento y la estructura de las personas resilientes o conocer el desarrollo de su capacidad nos da la clave para poder potenciar dichas áreas en todos y cada uno de nosotros



Os dejo con una selección de enlaces para profundizar sobre este tema que os permitirán adentraros en esta área de conocimiento. 


¡Seguro que salís fortalecidos!








martes, 27 de mayo de 2014

¿Quién eres?: LA BÚSQUEDA DE UNO MISMO



En ocasiones el ritmo de  vida en el que estamos inmersos, las exigencias del entorno y las que nos fijamos nosotros mismos, dificultan que tomemos conciencia de quiénes somos, lo que deseamos y los pasos que vamos dando día a día, de tal modo que puede que estemos caminando en la dirección contraria a dónde queremos  ir y por tanto nos estemos alejando en realidad cada vez más de aquello que interiormente deseamos o querríamos alcanzar.

Ante una gestión ineficaz de un acontecimiento estresante, dramático o una pérdida real o percibida en la que los recursos de los que disponemos no son suficientes para salir adelante, podemos llegar a adentrarnos en un momento vital crítico en el que dejamos de atender a lo externo y evaluamos intensamente nuestras competencias y el entorno que nos rodea. El fallecimiento de un familiar, la pérdida de un trabajo o no encontrarlo, el nacimiento de un hijo, ser víctima de una agresión, una separación, una ruptura sentimental o presenciar un desastre natural son algunas de las situaciones en las que generalmente solemos pararnos a reflexionar en profundidad.

En las crisis vitales se produce un desajuste tal que requiere nuestra absoluta atención y dedicación para evaluar y re-evaluar  las pérdidas, los recursos de afrontamiento o los apoyos vitales tantas veces como sea necesario para recuperar cierto equilibrio. Mirarnos al espejo con valentía y reconocer nuestras debilidades y fortalezas, es un punto de inflexión que posiblemente marcará un giro en la dirección mantenida hasta ese momento. La conceptualización que hagamos de esta etapa crítica es crucial para la manera en que la “vivenciemos”. Entender la crisis personal como una oportunidad para el cambio, de crecimiento o como una forma de desarrollar nuestra autenticidad nos invita a adoptar una actitud en la que maximizamos los beneficios y aumentamos la probabilidad de superarla con éxito.



                                                                                                          FOTO: http://mentirasmalcontadas.wordpress.com



Para ello, para salir fortalecido de un momento vital crítico, es necesario vencer la etapa inicial de incertidumbre e inseguridad, altamente cargada de pensamientos paralizantes donde la culpa o los reproches personales se instalan sin ni siquiera darnos cuenta. Sentirnos perdidos, solos, incomprendidos o desafortunados forma parte del proceso y vencer estos estados emocionales puede dar paso a un análisis constructivo del momento en el que nos encontramos. Sólo de este modo podremos tomar decisiones consecuentes que puedan beneficiarnos no sólo a corto plazo, podremos comenzar a vislumbrar qué queremos conservar de nosotros mismos, de lo que nos rodea o a qué personas queremos seguir teniendo cerca. En definitiva qué queremos seguir llevando en la mochila día a día.

En este punto es cuando verdaderamente nos miramos en el espejo y podemos recomponernos tal y como queremos aquí y ahora. Es cuando podemos asimilar nuestra historia pasada a pesar de que se aleje de lo que hubiéramos deseado, aprender de ella, desaprender comandos en los que se nos ha programado que ya no son útiles y aprender nuevas formas de funcionamiento saludables. Sin duda es el momento de sacar conclusiones y quedarnos con lo verdaderamente importante que guiará nuestra nueva toma de decisiones y motivará la dirección que queramos tomar.


                                                                                                               FOTO: http://www.enriquemonterroza.com


Saber quién eres, lo que te gusta y lo que te encanta, lo que no quieres, lo que para ti es negociable y lo que no, lo que deseas, a quién quieres, tus limitaciones, tu zona de comodidad, lo que estás dispuesto a arriesgar, lo que te hace vibrar o lo que te invita a sonreír, es fundamental para VIVIR.  Tomar conciencia de ello es treméndamente  importante porque variará según nuestro momento vital o las circunstancias que nos rodean. Lo que en su momento fue útil y efectivo puede que ya no lo sea y si no lo detectamos quizás estemos limitando nuestro propio potencial.

Algunas personas tienen un sentido innato o aprendido e interiorizado de lo que supone su existencia y regularmente toman conciencia y no sólo analizan algunos de estos aspectos de un modo intenso en sus crisis vitales. Otras, en cambio, se instalan en la comodidad y se mueven por patrones fijos y difíciles de modificar, los cuales pudieron tener una funcionalidad en el pasado pero permanecen sin ser re-evaluados ni adaptados al AQUÍ Y AHORA.

VIVIR supone reconocer el dinamismo intrínseco que conlleva, así como la posibilidad de que como personas cambiamos y disponemos regularmente de nueva información o nuevos circunstancias que es importante considerar para modificar la hoja de ruta que nos acerque a donde queremos llegar.


No olvidemos que, podemos empezar de nuevo en cualquier momento, tantas veces como queramos. Tenemos la capacidad, como seres humanos, de “des-programarnos” y cambiar.




viernes, 28 de febrero de 2014

Las CADENAS que impiden el avance personal



Ya cambiarán las circunstancias, más adelante podré hacer algo, no es el momento, no puedo, tengo mala suerte, no depende de mi, ¿por qué no avanzo?, ¿qué hago?, Y si ...


En ocasiones,  aun deseando que nuestra realidad sea de otra forma nos quedamos paralizados, sin movernos, observando lo que nos rodea día tras día. Pasa el tiempo y permanecemos con el freno puesto, sin cambiar lo que está a nuestro alcance, deseando que factores externos provoquen un cambio o que terceras personas tomen las decisiones.

El periodo de reflexión es fundamental  para profundizar sobre lo que queremos y concretar el modo más eficaz y beneficioso para nosotros  de alcanzar nuestros propósitos; si bien, el anclaje de modo permanente en una etapa de pre-contemplación o contemplación  puede denotar la existencia de otras dificultades o déficits que es aconsejable abordar para avanzar y desarrollarnos a nivel personal.

Algunas de las “cadenas” que nos impiden el movimiento, limitan nuestra capacidad de acción y decisión y nos mantienen sujetos a lo que no deseamos o queremos son:


-El temor o miedo a “perder – sufrir – equivocarse”, o dicho de otro modo “más vale malo conocido que bueno por conocer”, puede estar detrás de una actitud pasiva frente a la resolución de un conflicto. 
Si decidimos introducir un cambio asumimos el riesgo de que finalmente el resultado no sea el que buscamos, que podamos sentir malestar por ello o que nos suponga perder en algún aspecto. Ahora bien, ¿los riesgos son asumibles?, ¿qué probabilidad hay de que la situación mejore o empeore?, ¿qué es lo peor que podría pasar si?...

-La desinformación, el desconocimiento de la realidad o el conocimiento parcial de la misma genera desconcierto, inseguridad y percepción de falta de control. Nadie sabe de todo pero quien dispone de buenos asesores, se informa y cuenta con los datos oportunos puede  decidir de modo consecuente. Conocer nuestros derechos, los procedimientos o las obligaciones y por ende acudir a los servicios y profesionales especializados puede suponer un punto de inflexión que nos impulse a tomar una decisión que durante tiempo hemos pospuesto.


-La indefensión aprendida o “sensación subjetiva de no poder hacer nada no correspondiéndose  a pesar de que existen oportunidades reales de cambiar la situación aversiva” supone un falsa percepción de la realidad o un espejismo que damos por válido y que nos condiciona de forma negativa. Creo que no puedo cuando en realidad PUEDO. 


Jorge Bucay, a través del cuento del elefante encadenado ejemplifica este mecanismo. Relata como cuando los elefantes son muy pequeños, les ponen unas cadenas que no pueden romper. A pesar de que intentan liberarse tirando con fuerza no lo consiguen. A medida que crecen les cambian las cadenas por otras más fuertes y ellos intentar soltarlas pero no pueden de nuevo. De este modo, día tras día, intento tras intento, el elefante no logra romper las cadenas, va debilitándose y deja de ser constante en sus intentos. Cuando el elefante alcanza la adultez, atado a una pequeña estaca entonces,  deja de intentar arrancar las cadenas porque tras muchos intentos no consiguió liberarse, cuando en realidad ahora es cuando sí puede romperlas ya que la sujeción es mínima y él dispone de mucha más fuerza.

                                                                  FOTO: http://discipulosdoproposito.blogspot.com.es/2012/03/o-elefante-acorrentado-ja-observou.html
                
-El embotamiento y el desbordamiento emocional, así como el estado de ánimo muy bajo, dificulta o entorpece los procesos de concentración, atención y razonamiento limitando su rendimiento y la autoeficacia. En estos casos es aconsejable en primer lugar ajustar los niveles emocionales y disponer de apoyos en la toma de decisiones.

-El pobre auto-concepto o  la baja autoestima pueden favorecer el desconcierto ante las dificultades, la dependencia  a otros en los que delegar la responsabilidad y la falta de confianza en la valía de uno mismo (no soy capaz, no sirvo, no puedo, …).

-La falta de apoyos o percepción de inexistencia de apoyos (familiares, sociales o institucionales) puede mantenernos en una postura de sumisión, pasividad e indefensión en la medida en que no podemos contrastar la información u obtenerla, no alcanzando a ver las opciones reales que nos permitirían salir de la situación problema.

-No disponer de las herramientas personales adecuadas en nuestro repertorio conductual o la inhabilidad (no ser hábil) para resolver de forma eficaz aquello que nos ocupa y preocupa puede condicionar la actitud de bloqueo. Disponer de un método eficaz para concretar la situación problema, generar soluciones o alternativas y escoger entre ellas es sinónimo de mayor probabilidad de éxito. En estos casos la inhabilidad puede dejar de ser tal con el entrenamiento y aprendizaje de nuevas habilidades personales.

-Los pensamientos tóxicos automáticos, las creencias  y las ideas estereotipadas arraigadas que no se han cuestionado según los criterios de validez pueden estar con gran probabilidad en la base de una actitud paralizante ya que guían la emoción y la conducta. Ejemplos: El amor lo puede todo, la familia siempre está ahí,…

-No tener cubiertas las necesidades básicas o primarias supone dirigir los esfuerzos a satisfacerlas relegando a un segundo y tercer plano otras cuestiones. En base a este planteamiento podemos encontrar casos en los que una persona en pro de obtener alimentos o un techo para sí mismo o sus hijos no se ocupa ni preocupa por satisfacer necesidades secundarias. (Ver Pirámide de Abraham Maslow. Jerarquía de necesidades, para más información)

                                                               FOTO:http://es.wikipedia.org/wiki/Abraham_Maslow

Muchas de las "cadenas" o condicionantes que se han nombrado podemos identificarlas en personas que acuden a intervención psicológica, en personas que nos rodean o incluso en nosotros mismos. Pueden encontrarse en un área específica de nuestra vida (en el trabajo, en la pareja,…) o bien estar generalizadas a cualquier ámbito. Sin duda, tomar conciencia de que existen y nos limitan es el primer paso para poder actuar sobre ellas.
 
 
 

jueves, 8 de agosto de 2013

¡Fuera PENSAMIENTOS TÓXICOS!. La importancia de conocerlos e identificarlos.


“Nunca volveré a ser feliz”, “No puedo hacer nada”, “Debo gustarle a los demás”, “No puedo vivir sin…”, “Nunca  conseguiré lo que deseo”, “Hay que cumplir siempre las normas”, “No sirvo para nada”, “Soy una persona  horrible”, “Soy un fracaso”, “Nadie querrá estar conmigo”, “Soy un desastre”, “Seguro que me sale mal”, “Nadie me quiere”, “La vida no tiene sentido”, “Tengo que hacer las cosas siempre de forma adecuada”, "Nadie me entiende" …




Un pensamiento tóxico es aquel que:

1-Limita tu potencial actuando como barrera e impidiendo que te desarrolles de forma integral.
Todos contamos con áreas de desarrollo vital en las que podemos trabajar para llegar a alcanzar muchos objetivos que a priori deseamos. La distancia que hay entre lo que deseas ser o lo que te gustaría conseguir y el punto en el que te encuentras aquí y ahora puede mantenerse , ampliarse o bien reducirse según las decisiones que tomas y tu implicación con tu crecimiento personal.

¿Qué idea de base impide o enlentece tu evolución ?
¿Qué te aleja de lo que podrías llegar a ser?




2-Tiende a activarse de forma automática e involuntaria.
Esta propiedad hace que, en ocasiones, pueda resultar complejo reconocerlos o identificarlos  si no contamos con la guía de un experto o bien no hemos sido entrenados para ello.
Los pensamientos tóxicos automáticos forman parte de tu estructura cognitiva o esquemas mentales y sobre ellos se sustentan muchas otras ideas, tus emociones y tu propia conducta.

3-Actúa como ancla, dificultando que avances y favoreciendo que permanezcas en el mismo punto donde te encuentras.
Tiende a paralizarte,  “engancharte a”  o  a frenarte.

¿Qué ideas son las que te frenan y te mantienen "anclado"?

4-Te encadena a la inseguridad y al miedo.
Empañan el espejo donde te miras, distorsionan la imagen que ves de ti mismo, generan inseguridad y dudas sobre tu potencial y  capacidades o habilidades. Todo ello hasta el punto de que el miedo, en cualquiera de sus vertientes,  puede llegar a determinar muchas de las decisiones que tomas.

5-Te aleja de tus objetivos.
Te invita a no arriesgar, a no apostar por el cambio, a valorar las oportunidades únicamente como formas de perder, a no asumir riesgos, a no valorar si esos riesgos pueden ser asumibles, a conformarte o a no rescatar tus sueños o deseos.

6- ES IRRACIONAL:  No supera  los criterios de análisis (el de evidencia/realidad objetiva, el de intensidad emocional, el de utilidad/funcionalidad o el formal/forma de expresarlo).
Cuando contamos con un pensamiento tóxico que se presenta de forma automática e involuntaria  tendemos a darlo por válido sin someterlo a un análisis exhaustivo. Solemos dar credibilidad a una idea o pensamiento sólo por el mero hecho de que se presenta sin más en nuestro estado consciente. Ahora bien, ¿puedo encontrar pruebas que lo avalen de forma objetiva?, ¿mis emociones se corresponden con la situación que vivo?, ¿cómo me hace sentir pensar así?, ¿para qué o de qué me sirve?, ¿en qué términos lo expreso: como una obligación (debería, tengo que…), generalización, pensamiento todo-nada,..?, ¿estoy siendo extremista en su valoración?,…
Este tipo de cuestiones son las que nos permiten concluir si nos encontramos ante un pensamiento irracional, rígido y nada realista.

7- Lo aprendimos dándolo por válido sin más, sin detenernos a analizar su conveniencia.



                                                                                    Foto: http://gartic.uol.com.br/vinii_/desenho-jogo/pensar


Lo que piensas sobre ti, sobre  los demás y sobre el mundo y la forma en la que lo expreses en tu fuero más interno condiciona en gran medida como te sientes contigo mismo, con los demás y con el mundo;  y cómo es tu conducta con respecto a ti mismo, con respecto a los demás y con respecto al mundo.  

La fuerza del pensamiento no es otra que la de actuar como revulsivo o motor activando unas emociones/sentimientos (y no otros), y unas conductas de entre las que se dispongan en el repertorio conductual. Lo que pienso tiene una relación directa con lo que siento y éste a su vez con cómo actúo (o no actúo). Dicho de otro modo, toda conducta viene precedida por un estado emocional y por pensamientos concretos.

Detectar un pensamiento tóxico, analizarlo y reemplazarlo por otro alternativo que se exprese en términos racionales, que se ajuste a la realidad más objetiva, que nos haga sentir emociones neutras o positivas y que nos ayude a aproximarnos a nuestras metas, es un ejercicio que promueve el estado mental saludable y fortalece nuestros esquemas mentales frente a la "toxicidad". De igual modo, nos prepara para afrontar de forma exitosa las dificultades inherentes al hecho de estar vivo y vivir.


Te invito a que te plantees esta pregunta:
¿Sabes detectar tus pensamientos tóxicos y cómo reemplazarlos? 


Susana Tárrega Verdú