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viernes, 16 de octubre de 2015

La conquista de la ACEPTACIÓN, sus tareas y resistencias


Si mentalmente te detienes por unos minutos e intentas analizar muy a groso modo cómo ha sido tu vida hasta este mismo instante encontrarás altos y bajos en el camino, etapas que recuerdas especialmente dulces y otras marcadas por acontecimientos o circunstancias que te han desestabilizado. Probablemente detectas situaciones o hechos vitales muy importantes que han condicionado tu crecimiento y desarrollo vital, algunos los valorarás de forma positiva y otros claramente de forma más negativa. En cualquier caso haber vivido cada uno de ellos te ha permitido llegar a ser tal y como eres en este preciso momento.


La aceptación de tu realidad, de quien eres, de lo vivido e incluso de lo no vivido pero a su vez especialmente deseado, es una conquista que te permite seguir avanzando y liberarte de miedos y emociones negativas que muchas veces dificultan e impiden que vivas de forma plena tu vida.

En ocasiones, de forma involuntaria y automática, puedes llegar a poner en marcha mecanismos de resistencia para afrontar una realidad que no te gusta y que no deseas conocer en un intento de “sobrevivir” a una circunstancia que amenazaría tu sistema de creencias, la imagen que tienes de ti mismo o de los demás o tu propio equilibrio personal. Algunas de las estrategias  que empleamos para protegernos frente a lo desagradable son:


-Minimizar los efectos que se están produciendo: “no es para tanto”, “ha ocurrido muy pocas veces”,…

-Normalizar la situación y los efectos adversos: “le pasa a mucha gente”, “esto es bastante normal en esta sociedad”,…

-Justificar la conducta: “no tiene importancia porque en el fondo lo hace porque me quiere”, “estaba muy nerviosa, no pasa nada”, “con la situación personal tan complicada que hay es lógico”,…

-Disociar/separar/dividir la realidad y atender únicamente a la parte que encaja con tus expectativas o lo que a ti te gustaría (auto-engaño): “él me quiere porque me lo ha dicho y pasamos una tarde estupenda”- “pero, vi que te empujó y te insultó cuando ibais hacia el coche”- “ah! No, sólo fue un malentendido! Estamos muy bien, estuvo muy cariñoso esa tarde”.

-Negar la realidad o parte de ella, postergando el impacto que tendría asumir lo real. 
Puede haber un rechazo total a admitir lo que está ocurriendo  llegando a negarte a escuchar algo que no quieres:  “mi familia SIEMPRE está cuando la necesito”, “mis hijos son PERFECTOS”, “mi vida es PERFECTA”, “voy a conseguir TODO lo que me proponga”, “mis padres SIEMPRE saben qué es lo mejor para mi”, …

-Esfuerzos constantes y persistentes por intentar cambiar tu realidad o la de otra persona asumiendo que tienes control sobre ella y puedes conseguirlo. Esta estrategia de resistencia supone un gran desgaste personal, genera sentimientos de frustración cuando no consigues lo que quieres e impide que tu esfuerzo se dirija hacia aquello que sí depende de ti.

-Distorsionar/disfrazar la realidad, fantaseando o creando una ilusión paralela en la que exageras tus cualidades o las de los demás.

-Negociar con la realidad: Parte del pensamiento mágico y más primitivo, implica buscar una solución desde la desesperación en muchas ocasiones y supone defenderte para evitar aquello que no aceptas. “Vamos a pactar, yo haré un esfuerzo con esto y esta situación mejorará”

-Ironizar, utilizar el humor o el sarcasmo de forma exagerada o desmesurada para desdramatizar y aliviar el malestar sin permitirte mostrar tu vulnerabilidad.


                                                                         FOTO: google imágenes


En el proceso hacia la aceptación puedes llegar a sentir enfado, angustia emocional, rabia, culpa o ira hacia ti mismo o hacia los demás (“no es justo”, “¿por qué me sucede esto a mi?”, “yo podría haber hecho algo”,…) o en otra fase del camino experimentar dolor emocional y una profunda tristeza (“no sirve de nada que haga algo”, “ no tiene sentido la vida”,…). Se trata de avanzar pasando por diferentes fases que te lleven a la aceptación sin experimentar emociones intensas desagradables que te bloqueen y alejen de la realidad.

Lindenmann , Brown y Schulz plantearon una secuencia resumen de las fases más importantes para la elaboración del duelo y partiendo de su aportación considero que se desprenden básicamente cuatro tareas que componen el proceso hacia la aceptación.

-1-Ver,  admitir y tomar conciencia de la realidad tal y como es y de las
 consecuencias de ésta que hay en ti y en los demás
-2-Experimentar la realidad
-3-Sentir el dolor y todas las emociones, permitiendo que fluyan
 canalizándolas adecuadamente.
-4-Nueva adaptación a la realidad (readaptación) tras asumir lo
inevitable y decidir conscientemente tu nueva postura ante ésta.


Así pues, la aceptación se conquista cuando has elaborado la perdida de aquello que no fue, no es o de lo que no será, cuando admites que lo que deseabas o quisieras no es posible y no puedes cambiarlo por ti mismo. Hay un cambio de visión de la situación y una orientación hacia el presente y el futuro permitiendo la transformación de ti mismo o de tu vida.


Cuando aceptas, asumes sin oposición la imperfección, las limitaciones propias o de los otros, las carencias y lo inevitable. Es entonces cuando lo que piensas, verbalizas y sientes tiene una mayor correspondencia y puedes gestionar saludablemente tus emociones, predominando la serenidad y la satisfacción personal por haber conseguido integrar en tu vida lo vivido, reorganizarte interiormente y poder reorientarte de nuevo con un mayor sentimiento de autenticidad. Predominan pensamientos del tipo “esto no depende de mí”, "es lo que hay", "no puedo cambiarlo", “pasará”, “no puedo luchar contra esto pero sí puedo prepararme para afrontarlo de la mejor manera posible”, “siento que he crecido con esta experiencia”,…


Muchos problemas emocionales y desajustes vitales se asientan en la no aceptación pudiendo llegar a quedarse uno instalado durante más tiempo del esperado en alguna de sus fases. Otros pueden derivarse a su vez de haber decidido conformarse aceptando como válido en la vida algo que globalmente no se desea pero que en cambio ofrece una ganancia asociada secundaria, o que incluso dependiendo de uno para cambiarse acaba no considerándose por el gran esfuerzo que cree que supondría hacerlo o por la valoración de escasa probabilidad de conseguir ese cambio. Supondría entonces conformarse porque se valora que costaría mucho alcanzar lo que realmente se desea, se cree que no se conseguiría o compensa por otro lado dejar las cosas como están. En cualquier caso, no asumir de modo consciente la realidad y sus consecuencias asociadas supone no disponer de la base necesaria para poder decidir en consecuencia la postura que uno quiere adoptar al respecto, implicando una probable pérdida de identidad y de autenticidad.


Es muy importante, por tanto, que cuando algo te genere malestar te detengas, analices lo que está ocurriendo y honestamente valores si depende de ti cambiarlo. En caso de que no seas un agente con posibilidad de transformar esa realidad te encontrarás ante un proceso de aceptación de la misma y con una oportunidad de crecimiento y autoconocimiento personal. Si en cambio determinas que sí puedes actuar y cambiar lo que no deseas es el momento de diseñar un plan de acción para conseguir tus objetivos, motivarte y asumir el control y la responsabilidad de luchar por lo que quieres en tu vida permitiéndote sentir satisfecho contigo mismo.





Fuentes consultadas:
.Modelo Kübler-Ross: Kubler-Ross, E.: On death and dying. Nueva York: Routledge, 1973
.Modelo Lindenmann , Brown y  Schulz: 
            https://es.wikipedia.org/wiki/Duelo_(psicolog%C3%ADa)
.http://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S2007471914703783

domingo, 28 de junio de 2015

Cuando me siento desbordado y de pronto CONECTO


En ocasiones las circunstancias, y especialmente la percepción e interpretación que hacemos de lo que nos rodea, sobrepasan nuestros recursos personales de afrontamiento. Es entonces cuando nos sentimos desbordados, invadidos por la emoción y con baja sensación de control sobre la situación. En estos casos disminuye la fluidez y claridad de nuestro pensamiento, nos sentimos confusos, baja la concentración y la atención, nos cuesta distraernos, aparecen  ideas recurrentes sobre lo que nos preocupa que nos cuesta dejar a un lado, estamos más inactivos, baja nuestro nivel habitual de energía y puede alterarse el apetito, la digestión o el sueño. Emocionalmente en estos casos solemos encontrarnos hipersensibles, tristes o irritables, tendemos a aislarnos, disminuye la capacidad de disfrute y  perdemos interés por actividades que solían gustarnos.

Sin duda necesitamos un tiempo para reubicarnos, analizar qué está sucediendo, qué podemos hacer, asimilar la realidad, aceptarla y orientarnos hacia la toma de  decisiones al respecto.

        -  ¿Cuánto tiempo? Depende.

       - ¿De qué depende? De lo que haya dado lugar al desajuste que percibimos, de nosotros mismos, de nuestras habilidades y capacidades, de nuestros apoyos,.., y de lo que hacemos día a día para gestionar la situación, NUESTROS PENSAMIENTOS Y NUESTRA CONDUCTA.



                                                                      FOTO: http://tedeletras.blogspot.com.es/2010_05_01_archive.html


Sabemos que ante una misma situación la vivencia de las personas varía según ciertos rasgos que presenten, si tienden al optimismo o no, si son personas seguras de sí mismas, si presentan una autoestima ajustada, si son más o menos resolutivas, si disponen de una adecuada capacidad de análisis, si son empáticas o si disponen de recursos alternativos de gestión emocional por ejemplo.

En cualquier caso, en mayor o en menor medida, todos vivimos momentos de incertidumbre, de desajustes vitales o de “incomodidad emocional” y por ello es importante tomar perspectiva, intentar distanciarnos en la medida de lo posible para recuperar cierta objetividad dentro de la subjetividad y tomar conciencia de LO RELATIVO. Precisamente se trata de darnos cuenta de que lo que nos está sucediendo no es la único que nos está sucediendo en la vida, que seguimos siendo afortunados por otras muchas cosas y que somos mucho más que aquello que nos preocupa y consume. 

Conectar con lo que soy en su sentido más amplio, con lo que me hace sentir más yo mismo, con mi autenticidad, con mi lado más íntimo y personal, con lo que me gusta y con lo que no me gusta tanto, es sencillo y tremendamente complicado a la vez sin duda. Se trata de conectar con uno mismo, con nuestros sentidos, con lo que sucede mientras me aíslo  y tomar conciencia de que formo parte de algo grandioso que es la vida en constante movimiento porque de este modo puedo comenzar a ver y observar con mayor perspectiva.


            FOTO: google imágenes

Cada persona tiene su propia “forma de conectar” y a medida que vive  y experimenta va modificándola, reemplazando formas obsoletas o incorporando otras nuevas.  


                                                                                                     FOTO:https://djxhemary.wordpress.com/



Hoy os invito a poneros a prueba... ¿De qué modo CONECTAS tú?




Te miras al espejo, te detienes en tu mirada… y conectas.

Sales a pasear, observas el entorno, te fijas en las sensaciones que tu cuerpo te transmite al entrar en contacto con el aire, el sol o la lluvia… y conectas

Caminas  y centras tu atención en la media y larga distancia que alcanzas a ver y de pronto tomas conciencia del techo visual, del color del cielo y sus nubes, de la luna o de las estrellas… y conectas.

Ese momento en el que crees que no puedes continuar pero te esfuerzas un poco más concentrado en tu afán de superación… y conectas

Escuchas esa canción en ese momento… y conectas

Alguien pronuncia esas palabras que de pronto encienden la luz cuando estás a oscuras… y conectas

Detectas en otros un instante de ternura, humanidad o dolor, se eriza tu piel… y conectas

Te encuentras ante la inmensidad de lo natural, en lo alto de la montaña, a la orilla del mar o ante el silencio urbano… y conectas

Echas de menos, tomas conciencia de las ausencias, adviertes tu fragilidad… y conectas

Te permites experimentar algo nuevo y distinto, sientes que arriesgas… y conectas

Te sientes frustrado, incómodo o impotente… y conectas

Algo ha cambiado en ti, no sientes del mismo modo, no encajas en el mismo lugar… y conectas

Te rozan, permites el contacto de otra piel, fijas tu atención… y conectas

Saboreas, cierras los ojos, quieres apresar esa sensación… y conectas

Percibes el olor, recuerdas a esa persona, aquel momento o  aquel lugar… y conectas

Llueve, te empapas, entras al mar caminando, te sumerges,… y conectas

Frente a  ti y tras de ti ese lugar en el que tomas conciencia de la magnitud de la existencia… y conectas

Junto a otro, junto a otros,  sientes que formas parte de algo único, tremendamente valioso, especial, desconcertadamente completo… y conectas

Mueves tu cuerpo de forma espontánea, se expresa libremente… y conectas

Quitas tus zapatos, la planta de tus pies entra en contacto con la arena, la tierra, la piedra, el césped… y conectas

Ríes desde las entrañas, sientes la necesidad de dejarte llevar, te gusta … y conectas

Te mimetizas con la historia de ese libro que te cautiva, juegas a fantasear con ser quien no eres… y conectas

Viajas, anhelas tus rutinas, descubres nuevos horizontes… y conectas

Sientes indignación, algo se remueve en tu interior, vas a dar un paso en una nueva dirección… y conectas

Tomas conciencia de tus contradicciones, las aceptas… y conectas

Duele, creces… y conectas


jueves, 12 de febrero de 2015

De la empatía del profesional a la traumatización vicaria


¿Alguna vez tus emociones se han llegado a "mimetizar" tanto con las del otro que has llegado a creer sentir casi lo mismo que él siente?, ¿te ha costado "desconectar" tras el impacto de conocer la dura historia de otra persona?, ¿tiendes a "ponerte en la piel" del otro?, ¿te olvidas un poco de ti mismo cuando conectas con el sufrimiento de los demás?,...


La empatía es la capacidad de ponerse en el lugar del otro, que implica colocarse sus zapatos y sintonizar con “su mundo” tal y como él lo vivencia. Por tanto, es empático aquel que llega a abstraerse parcialmente de sí mismo y focaliza en cómo el otro percibe, piensa, siente y actúa, tomando como referencia su posición, sus circunstancias, sus características personales o sus limitacionesEsta consciencia del otro requiere que se acompañe en todo momento de una conciencia sostenida de que precisamente es una vivencia del otro y no nuestra. Ni más ni menos se trata de no olvidar que es la realidad del otro, son sus sentimientos y sus emociones y no los nuestros.  Esta segunda parte es la clave para que la persona empática  se gestione emocionalmente de forma adecuada, si bien en múltiples ocasiones no se toma en consideración en la práctica.


                                                                                                      FOTO: http://edukame.com/los-limites-de-la-empatia

Lo cierto es, que podemos encontrar casos de personas altamente sensibles que poniéndose en la piel del otro llegan a confundir sus propias emociones con las de la otra persona, o incluso casos en los que se desarrolla una implicación desproporcionada y poco saludable en la existencia del otro que llega a difuminar los límites de la vida propia y la de éste, llegando a relegarse  uno mismo a la vida de los demás de forma sistemática. Éste es, entre otros, uno de los factores facilitadores de una relación dependiente, en la que una persona llega a percibir, pensar, sentir o actuar en base a los criterios del otro y no a los propios. 
Enfocarse en el otro, tomando sus metas u objetivos como propios o percibir su dolor, su angustia o su tristeza como si fuera nuestra puede suponer perdernos de algún modo a nosotros mismos o perder la conciencia de ser ajeno al otro. Es más, interfiere enormemente en el apoyo saludable y eficaz que podemos prestar como agentes externos a él, con una mirada distinta desempañada de emociones intensas.

Los clínicos, terapeutas o  profesionales que estamos en contacto directo y regular a nivel profesional con víctimas de violencia o personas que atraviesan etapas de reestructuración vital marcadas por sucesos traumáticos debemos trabajar sistemáticamente el propio equilibrio emocional y a nivel preventivo poner en marcha estrategias de autocuidado para evitar la traumatización vicaria (término acuñado por McCann and Pearlman en 1990), la cual deriva del impacto emocional acumulativo y de las secuelas psicológicas de enfrentarnos a los hechos o experiencias traumáticas de los pacientes, tal y como argumenta Enrique Echeburúa. 

Escuchar día a día como otras personas han sido objeto de graves vejaciones o humillaciones, cómo se han vulnerado sus derechos, han sentido amenazada su propia integridad física o han sido agredidas, y acompañarlas en su proceso de recuperación empatizando con sus emociones forma parte de lo esperable y deseable en el caso de determinados profesionales y es ingrediente indispensable para que la intervención de estos sea satisfactoria. Ahora bien, el impacto que tiene la exposición para el profesional debe ser compensado por el cuidado del equipo de trabajo al que pertenezca y el autocuidado de éste en el día a día.

                                                                                             FOTO: http://blog.psicoactiva.com/de-mayor-quiero-ser-psicologo/


Los autores Saavkvite y Pearlman (1996) consideran que “la traumatización vicaria es el resultado de tratar de una forma empática y comprometida a víctimas de traumas durante un período prolongado”. Estos mismos autores expusieron los signos y síntomas de la traumatización vicaria y como inicialmente se instalan de forma progesiva y difusa sin que el terapeuta en principio se de cuenta de ello o bien como poco a poco va presentando dificultades para desconectar del trabajo o para divertirse como antes. Enrique Echeburúa  diferencia los indicadores de la traumatización vicaria diferenciando los  cambios físicos y psíquicos (agotamiento, pesadillas, desmotivación, molestias gastrointestinales,…), los personales (tristeza, escepticismo hacia el futuro, sentimiento de culpa por llevar una vida frívola, dificultades para establecer límites entre la vida personal o y la profesional,…) o los cambios sociales  (sensación de incompresión por parte de los demás, irritabilidad, dificultad para sentir emociones,…).


                                             FOTO: http://centroalhalmbra.com/terapias/gestion-del-estres-y-calidad-de-vida/

Por otro lado, Charles Figley considera que la capacidad de compasión y la empatía están en el centro mismo de la capacidad del terapeuta para realizar su trabajo, y al mismo tiempo en la posibilidad de llegar a "ser lastimados por el trabajo". 
El mismo autor en 1995 fue quien acuñó el término de Compassion Fatigue que se tradujo como "Desgaste por empatía", para referirse a la misma traumatización vicaria o estrés traumático secundario.

Es, por todo lo expuesto, fundamental para prevenir el desbordamiento por impacto emocional en  los profesionales y equipos de trabajo que reúnen las características mencionadas anteriormente, que estos se conciencien de la importancia de identificar las fuentes de tensión, reconozcan los límites, los estados críticos, indicadores de alarma, las vulnerabilidades y las fortalezas (individuales y grupales), e introduzcan y potencien el desarrollo de habilidades y estrategias elementales que faciliten la gestión emocional día a día.




Fuentes consultadas:

Echeburúa, E. (2009). Superar un trauma. El tratamiento de las víctimas de sucesos violentos. Madrid: Pirámide.









jueves, 11 de septiembre de 2014

Personas RESILIENTES: La importancia de conocer sus capacidades y competencias emocionales.



Hay personas que afrontan de forma hábil las dificultades y adversidades intrínsecas de la vida, que se sobreponen, salen fortalecidas e impulsan su crecimiento personal porque consiguen extraer aprendizajes valiosos de las peores situaciones que podemos imaginar. Con ello no quiero decir que sea sencillo, que no experimenten emociones negativas o que en ocasiones se sientan perdidas o desesperanzas. Quiero decir que a pesar de todo, continúan avanzando, aceptan su nueva realidad y consiguen vivir plenamente.

En ocasiones, en las sesiones de intervención, detecto claramente esa “garra” que de pronto se activa y se engancha a cualquier haz de esperanza, ese “instinto de supervivencia” que pone en marcha todo un plan de rescate emocional como si de alguna forma, interiormente, esa persona hubiera tomado conciencia de que ha llegado al suelo del hoyo y quiere salir tomando impulso.

En este punto, estas personas presentan cierta ansia por encontrar el modo de avanzar a pesar de que su día a día esté nublado y anhelan que alguien encienda la luz en el recorrido que queda por andar hasta encontrar la salida.

No tienden a detenerse excesivamente en la pena, la culpa o el discurso recurrente, sino que tienden a conceptualizar y definir la pérdida, asignan responsabilidades y se orientan al presente y al futuro a pesar de que su estado de ánimo sea bajo o se encuentren desubicados. Buscan soluciones y ponen su energía en reestructurarse apoyándose en los recursos personales, familiares y sociales de los que dispongan.

Con el tiempo identifican elementos de fortuna, aquello que a pesar del infortunio o del problema, sigue siendo valioso en su vida (personas que permanecen, circunstancias favorables, estima propia,  logros alcanzados,…) y de nuevo, paulatinamente, comienzan a desarrollar la capacidad de disfrute, recuperan el control y toman decisiones consecuentes libre y autónomamente.

Si os detenéis por unos minutos a pensar en ello encontraréis en vuestro entorno personas que encajarían en esta descripción e incluso puede que vosotros mismos os veáis identificados. 

Sabemos que hay características propias de ciertas personas que favorecen la recuperación tras un suceso violento,  traumático, negativo, inesperado, intenso o incontrolable que inicialmente ha generado miedo e indefensión y ha desbordado la capacidad de respuesta y adaptación.

La resiliencia es precisamente esa capacidad para sobreponerse al dolor emocional y a las situaciones adversas potenciando los recursos existentes y facilitando el reajuste.

Hay personas resilientes, que han desarrollado en su proceso de socialización habilidades de afrontamiento adecuadas  y eficaces, que cognitivamente disponen de una estructura o mapa que tiende al razonamiento ajustado a la realidad, que se orientan hacia lo que depende de ellas y especialmente hacia el hoy y el mañana.

¿Quiere decir que sólo el resiliente puede alcanzar la vida plena tras la adversidad? Evidentemente no, si bien es cierto que éste tiene un trecho del camino andado.


Cualquiera de nosotros tiene la capacidad de cambiar, adaptarse y reestructurarse precisando para ello tiempo y realizando el trabajo personal adecuado  contando con los apoyos internos y externos necesarios.


                                                                                                  FOTO: http://www.flow-ecodesign.es/blog/4-tips-resiliencia/


Son tremendamente interesantes las líneas de investigación existentes en el área de la resiliencia, los factores protectores y los factores de vulnerabilidad que de algún modo modulan la forma en la que cada una de las personas afrontamos los problemas y la adversidad de la vida. Desmenuzar el funcionamiento y la estructura de las personas resilientes o conocer el desarrollo de su capacidad nos da la clave para poder potenciar dichas áreas en todos y cada uno de nosotros



Os dejo con una selección de enlaces para profundizar sobre este tema que os permitirán adentraros en esta área de conocimiento. 


¡Seguro que salís fortalecidos!








martes, 27 de mayo de 2014

¿Quién eres?: LA BÚSQUEDA DE UNO MISMO



En ocasiones el ritmo de  vida en el que estamos inmersos, las exigencias del entorno y las que nos fijamos nosotros mismos, dificultan que tomemos conciencia de quiénes somos, lo que deseamos y los pasos que vamos dando día a día, de tal modo que puede que estemos caminando en la dirección contraria a dónde queremos  ir y por tanto nos estemos alejando en realidad cada vez más de aquello que interiormente deseamos o querríamos alcanzar.

Ante una gestión ineficaz de un acontecimiento estresante, dramático o una pérdida real o percibida en la que los recursos de los que disponemos no son suficientes para salir adelante, podemos llegar a adentrarnos en un momento vital crítico en el que dejamos de atender a lo externo y evaluamos intensamente nuestras competencias y el entorno que nos rodea. El fallecimiento de un familiar, la pérdida de un trabajo o no encontrarlo, el nacimiento de un hijo, ser víctima de una agresión, una separación, una ruptura sentimental o presenciar un desastre natural son algunas de las situaciones en las que generalmente solemos pararnos a reflexionar en profundidad.

En las crisis vitales se produce un desajuste tal que requiere nuestra absoluta atención y dedicación para evaluar y re-evaluar  las pérdidas, los recursos de afrontamiento o los apoyos vitales tantas veces como sea necesario para recuperar cierto equilibrio. Mirarnos al espejo con valentía y reconocer nuestras debilidades y fortalezas, es un punto de inflexión que posiblemente marcará un giro en la dirección mantenida hasta ese momento. La conceptualización que hagamos de esta etapa crítica es crucial para la manera en que la “vivenciemos”. Entender la crisis personal como una oportunidad para el cambio, de crecimiento o como una forma de desarrollar nuestra autenticidad nos invita a adoptar una actitud en la que maximizamos los beneficios y aumentamos la probabilidad de superarla con éxito.



                                                                                                          FOTO: http://mentirasmalcontadas.wordpress.com



Para ello, para salir fortalecido de un momento vital crítico, es necesario vencer la etapa inicial de incertidumbre e inseguridad, altamente cargada de pensamientos paralizantes donde la culpa o los reproches personales se instalan sin ni siquiera darnos cuenta. Sentirnos perdidos, solos, incomprendidos o desafortunados forma parte del proceso y vencer estos estados emocionales puede dar paso a un análisis constructivo del momento en el que nos encontramos. Sólo de este modo podremos tomar decisiones consecuentes que puedan beneficiarnos no sólo a corto plazo, podremos comenzar a vislumbrar qué queremos conservar de nosotros mismos, de lo que nos rodea o a qué personas queremos seguir teniendo cerca. En definitiva qué queremos seguir llevando en la mochila día a día.

En este punto es cuando verdaderamente nos miramos en el espejo y podemos recomponernos tal y como queremos aquí y ahora. Es cuando podemos asimilar nuestra historia pasada a pesar de que se aleje de lo que hubiéramos deseado, aprender de ella, desaprender comandos en los que se nos ha programado que ya no son útiles y aprender nuevas formas de funcionamiento saludables. Sin duda es el momento de sacar conclusiones y quedarnos con lo verdaderamente importante que guiará nuestra nueva toma de decisiones y motivará la dirección que queramos tomar.


                                                                                                               FOTO: http://www.enriquemonterroza.com


Saber quién eres, lo que te gusta y lo que te encanta, lo que no quieres, lo que para ti es negociable y lo que no, lo que deseas, a quién quieres, tus limitaciones, tu zona de comodidad, lo que estás dispuesto a arriesgar, lo que te hace vibrar o lo que te invita a sonreír, es fundamental para VIVIR.  Tomar conciencia de ello es treméndamente  importante porque variará según nuestro momento vital o las circunstancias que nos rodean. Lo que en su momento fue útil y efectivo puede que ya no lo sea y si no lo detectamos quizás estemos limitando nuestro propio potencial.

Algunas personas tienen un sentido innato o aprendido e interiorizado de lo que supone su existencia y regularmente toman conciencia y no sólo analizan algunos de estos aspectos de un modo intenso en sus crisis vitales. Otras, en cambio, se instalan en la comodidad y se mueven por patrones fijos y difíciles de modificar, los cuales pudieron tener una funcionalidad en el pasado pero permanecen sin ser re-evaluados ni adaptados al AQUÍ Y AHORA.

VIVIR supone reconocer el dinamismo intrínseco que conlleva, así como la posibilidad de que como personas cambiamos y disponemos regularmente de nueva información o nuevos circunstancias que es importante considerar para modificar la hoja de ruta que nos acerque a donde queremos llegar.


No olvidemos que, podemos empezar de nuevo en cualquier momento, tantas veces como queramos. Tenemos la capacidad, como seres humanos, de “des-programarnos” y cambiar.